Las hojas bailaban en la corona del robusto;
mientras el viento, fiel acompañante;
suavemente acariciaba sus figuras.
De repente una abandona el baile y solitaria va.
Pero el viento en su fidelidad la sigue.
Y en el romántico toque de caricias,
bajo nubes de testigos, bailan y bailan.
Cuan hermosa melodía silente y perfecta.
Hasta que ya, exhausta, el viento
cual caballero, en sus brazos la lleva a descanzar.
Y ya en el suelo, quieta y feliz, duerme.
por Elvin Antonio
martes, 25 de marzo de 2008
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